Mitos y verdades sobre los viajes en crucero

“Tengo miedo de marearme, de aburrirme o de sentirme encerrado”. Algunos de esos temores surgen casi siempre cuando alguien evalúa si hacer o no un crucero. No existe certeza de que nada de eso vaya a ocurrir, pero vale aclarar que los barcos están dotados de estabilizadores y recursos técnicos para atenuar las consecuencias de un mar movido, además de equipos de pronóstico del tiempo que permiten prever contingencias climáticas.

Llegado el caso –que es infrecuente– de que alguien se maree, además de servicio médico permanente, los barcos venden medicamentos para contrarrestar las náuseas. También, si creés que puede pasarte, llevate alguna pastilla para combatir los mareos (una muy habitual es el Dramamine).

¿Y si me aburro?

Es poco probable. Cada día, los pasajeros reciben un itinerario, que describe las actividades y los horarios en que éstas se desarrollan.

Los planes van desde clases de gimnasia o de baile de distintos ritmos hasta demostraciones culinarias, conferencias, juegos, deportes, spa, coros, pintura y un inagotable menú que incluye también secciones dedicadas a los niños, con sus propios espacios y cuidadores. Esa es una de las grandes ventajas de los cruceros: poder dejar a los chicos entretenidos y disfrutar de todas las atracciones que ofrece el barco. Casino, cines, teatro, bares, músicos y cantantes completan la lista de propuestas para todos los gustos.

Para los que prefieren la tranquilidad, también hay espacios cómodos en los que reina el silencio y la quietud. Podrás disfrutar de leer un libro en un ambiente relajado y mirando el horizonte y tal vez tenés la suerte de ver alguna ballena o delfines.

Soy claustrofóbico

Un miedo muy común de viajar en crucero es sentirse encerrado, pensar que no vas a poder salir de ese barco. Pero la verdad es que los cruceros son auténticas ciudades flotantes, complejos urbanos que no vas a poder terminar de recorrer en un solo viaje.
A los enormes lugares públicos que mencionamos, restaurantes, teatros, bares, casinos, biblioteca, salas de baile, canchas de básquet, de golf, piletas de natación, espacios multirreligiosos para ceremonias, galerías de arte y un largo etcétera se suma la vista amplia y libre del mar. Difícil sentirse encerrado con esa inmensidad de fondo.

A la hora de elegir la ubicación en el barco, las cabinas más aconsejables son siempre las que están en el medio. Equidistante entre proa y popa, y entre el piso más alto y el más bajo. No solo porque se dice que puede moverse un poco menos, sino también porque los lugares siempre están un poco más a mano. Algunos barcos tienen 300 metros de largo y 18 pisos de alto. Así que hay que estar preparado para caminar.

Para todos los gustos

Hay ofertas de cruceros para todo tipo de público. Sólo adultos, especiales para familias, para quienes cumplen 15, para solos y solas, para gays y lesbianas, para colorados y coloradas y ¡hasta para gente con rulos! Así que elegí el que más te guste y ¡subite a bordo!

 

Fuente: El Tiempo

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