Jorge Sánchez, el viajero más viajado de la tierra

Visitó los 193 países reconocidos por la ONU y muchos otros territorios, dio 7 vueltas al mundo y escribió más de 20 libros.

¿Cómo hizo?

Nosotros nos preguntamos lo mismo, así que decidimos entrevistarlo para conocer un poco más sobre su increíble vida.

Jorge Sánchez nació en Barcelona en 1954. A los 18 años, decidió emprender el camino del viajero, que aún sigue recorriendo…

Uno de los aforismos viajeros de tu blog reza: “Viajarás con el sudor de tu frente” e implica que deberás ser autosuficiente y financiar tus propios viajes, sin aceptar regalos o arreglos comerciales con empresas a cambio de publicidad. ¿Cómo hiciste para lograrlo antes de haber publicado tus libros? ¿De qué trabajaste mientras viajabas?

Los derechos de autor de la venta de mis libros no me dan ni para pipas; apenas me alcanzan para pagar los gastos de casa, como electricidad, agua y teléfono; no puedo vivir de ellos. Como de verdad he financiado mis viajes ha sido trabajando en varios países que atravesaba, como Japón (clases particulares de español en Tokio), Taiwán (traducciones de textos del inglés al español en Taipéi), Australia (ayudando como cocinero en un restaurante en Bondi Beach), Canadá (trabajos de limpieza en Montreal), Estados Unidos (camarero en un restaurante puertorriqueño en Nueva York), Israel (granjero en un kibutz poblado por hebreos argentinos, llamado Mefalsim), etc.

Pero últimamente prefiero trabajar en España, en turismo en la región de Gerona, y con el dinero ganado los meses de verano emprendo un viaje de varios meses en invierno.

Tu travesía viajera es realmente impresionante. Como decís vos mismo, parece un cuento. Estuviste preso, fuiste capturado por guerrilleros, deportado, bombardeado, atacado por hormigas carnívoras y varios otros etc. ¿En cuáles de todas esas experiencias sentiste más miedo?

Cuando he sentido más miedo en mi vida fue durante mi experiencia en las mazmorras de Afganistán. Me encarcelaron por entrar en ese país en tiempos de guerra (año 1988) cuando aún estaban los soldados de la Unión Soviética. Yo sólo quería transitar Afganistán para continuar mi viaje desde la India a España por tierra, pero al llegar a la ciudad afgana de Kandahar fui detenido en un control y enviado a Kabul acusado de espía. Hubo un juicio y me condenaron a 5 años de cárcel. Creí que no saldría vivo de la mazmorra donde me confinaron. Por suerte, al cabo de 4 meses me liberaron y pude regresar a España. El día de mi liberación fue como volver a nacer.

¿Alguna vez tuviste que interrumpir tu camino del viajero? ¿Por qué?

Sólo he interrumpido el viaje una vez en mi vida, y fue en Costa de Marfil. Tras visitar el Parque Nacional de Taï, me sentí débil y con fiebre, había contraído el paludismo y me internaron en un hospital. Perdí el conocimiento y cuando desperté me dijeron que había dormido tres días seguidos. El cónsul de España en Abiyán, la capital del país, me vino a visitar al hospital y me recomendó interrumpir el viaje y seguir el tratamiento médico en España. Le hice caso y volé al día siguiente a Barcelona.

¿De qué se compone tu kit viajero?

Tengo una bolsa que cuando la lleno no supera los 3 kilos de peso. En ella meto un saco de dormir, dos mudas, útiles de aseo más una libreta y lápices para escribir todo cuanto veo y aprendo. Cuando estoy cansado me siento sobre ella. También la uso como almohada para dormir. Y cuando cruzo un desierto y aprieta fuerte el sol, me la coloco sobre la cabeza y me sirve de sombrero.

¿Cuál fue el destino que más te impresionó?

Siempre que me hacen esa pregunta respondo lo mismo: India. Estoy enamorado de India, para mí es el país más fabuloso del mundo. De la India me gusta todo, su naturaleza, sus templos y religiones, su comida, y sobre todo sus gentes.

¿Hubo algún destino que te haya decepcionado?

Todos los países del mundo tienen su interés, pues en ellos vive gente y me gusta aprender sobre sus costumbres. Sin embargo, Sudáfrica está en mi lista negra, a pesar de los parques nacionales y lugares maravillosos que alberga, pues en ese país me han robado dos veces, ambas con violencia; una vez se me llevaron la mochila con todas mis posesiones, y en otra ocasión, también en la ciudad de Johannesburgo, me tiraron al suelo propinándome patadas hasta hacerme sangre en codos y rodillas para robarme la cartera. Además, Emigración me trató muy mal al regresar a Ciudad del Cabo desde la isla de Tristán da Cunha, por haberse caducado mi billete de avión de regreso a España debido a que el barco se demoró más de la cuenta, y me castigaron encerrándome en el puerto durante dos noches sin poder salir. Suerte que los marineros me traían comida por la noche.

¿En qué lugar te sentiste “como en casa”?

En cualquier país de Hispanoamérica me siento en casa al poder utilizar mi lengua materna, el español.

¿Qué es lo que más te apasiona de viajar?

Siento inclinación por los lugares religiosos. Si el país que visito es cristiano lo primero que hago es entrar en las catedrales o monasterios más famosos; si el país es musulmán, voy a la mezquita mayor; si es hindú o budista visito sus templos. Otra cosa que me apasiona de los países nuevos que visito es beberme una cerveza local, y si tiene tren, viajar al menos una vez en ese medio de locomoción.

¿Qué lugares de Argentina fueron los que más te impactaron?

El lugar más maravilloso que he conocido, no sólo de Argentina, sino del mundo entero, es el Parque Nacional Iguazú. He pasado un día y una noche en el lado brasileño y otro día con su noche en el lado argentino. También me ha gustado el glaciar Perito Moreno, la Península de Valdés, y las ciudades de Buenos Aires (por su intensa vida cultural), Córdoba (por su universidad y casco antiguo de tiempos de los españoles) y Mendoza (por sus excelentes vinos). También he disfrutado en Argentina al presenciar un juego de “pato” (en la ciudad de Santa Rosa, La Pampa), beber mate (en la Patagonia) y probar el plato de “locro” (en Santiago del Estero).

Nos despedimos con un ping pong viajero:

Una comida: cualquier plato de la India con curry, por ejemplo “pollo tikka masala”.

Una iglesia: la Iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén.

Un templo: el templo budista de Borobudur, en la isla de Java (Indonesia).

Una ruina arqueológica: Angkor Wat, en Camboya.

Un crucero: no suelo tomar cruceros, pero el que realicé hace años en Ushuaia, que me llevó 10 días a la Antártida, ha sido el mejor de todos.

Un mercado: el de Otavalo, en el norte de Ecuador, por su exotismo.

Una playa: la playa de “Ses Illetes”, en la isla de Formentera, España.

Un atardecer: el que más vivamente recuerdo fue el que presencié en la ciudad india de Kanyakumari, en el cabo Comorín, océano Índico. El sol entraba por la bahía de Bengala y era tragado por las aguas del Mar Arábigo. Fue espectacular.