Existe una Francia más allá de París y vale la pena conocerla

Seguimos usando al Mundial como excusa para escribir sobre hermosos destinos. Y ahora nos toca Francia.

Seguro que cuando pensás en el país de Les Bleus, automáticamente pensás en su capital y ciudad emblema por escándalo: París. Y entonces se te vienen a la mente también instantáneamente imágenes de la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, Notre Dame, Sacre Coeur, el Louvre, el Sena, y demás etc. interminables.

Y sí, París es una ciudad bellísima en la que podés quedarte el tiempo que quieras sin aburrirte (nosotros igual ya te dimos un itinerario parisino por si tenés pocos días disponibles en esta nota). Pero resulta ser que hay muchos otros lugares de Francia que son maravillosos también y vale la pena conocer. Acá te dejamos algunos para que tengas en cuenta:

La Costa Azul

Cannes, Niza, Saint Raphael y Saint-Tropez conforman el segundo de los lugares más turísticos de Francia. La suavidad de su clima, incluso en invierno, convirtieron a la Costa Azul en uno de los destinos preferidos del jet set europeo. En esa lista de ciudades faltaría Montecarlo, claro, pero no la incluimos porque pertenece al Principado de Mónaco.

Cannes es famosa porque ahí se celebra cada año uno de los festivales de cine más relevantes del mundo. Si vas, no dejes de pasear por el barrio de Le Suquet y perderte por sus callejuelas.

Niza supone generalmente la entrada a la Riviera Francesa porque tiene el aeropuerto más importante de la región. La actividad obligada es recorrer el Promenade des Anglais, el paseo marítimo de la foto de la impactante foto de portada, pero te recomendamos también que camines por el Promenade des Arts y visites las plazas Massena y Garibaldi.

De Saint-Tropez no te vayas sin recorrer la ciudadela y el puerto y en Saint Raphael disfrutá de la costa de 36 kilómetros en donde vas a poder elegir entre 30 playas, una más linda que la otra.

Carcassone

Con más de 2.500 años de historia, Carcassonne es una de las villas medievales mejor conservadas para visitar en Francia y en toda Europa. Vas a sentir como si viajaras en el tiempo. Su casco antiguo, todavía habitado, se encuentra cerrado al tráfico y está protegido por una doble muralla. Podés acceder a través de cuatro imponentes portones que servían en otros tiempos para proteger la ciudadela de los enemigos. Consta de 52 torres rodeadas por 3 kilómetros de murallas. Adentro vas a encontrar un teatro creado en 1908, donde cada verano se celebra el Festival de la Ciudadela.

Para poder dimensionar la magnificencia de este patrimonio de la humanidad declarado por la UNESCO, te recomendamos admirarlo de lejos desde la terraza de algún hotel; el des Trois Couronnes puede ser una buena opción y no hace falta que estés alojado ahí. Podés subir al restaurant y ver el atardecer desde ahí arriba. Planazo.

Otros lugares que te sugerimos visitar en Carcassonne son el castillo condal y la basílica de Saint-Nazaire.

Isla de Córcega

Es como un mini continente, que se encuentra a 200 kilómetros de la Costa Azul, en medio del Mediterráneo, y cuenta con un litoral de más de 1.000 kilómetros, el más rico y variado del estado. Imponentes acantilados de roca volcánica y roca calcárea blanca, playas paradisíacas con aguas tibias y cristalinas, estanques, lagunas, cinco reservas naturales y parques marinos componen el paisaje de Córcega. Por eso la llaman la isla de las mil caras, un mosaico encantador lleno de lugares mágicos por descubrir.

Lo ideal es que alquiles un auto y recorras cada una de las 8 regiones. Si no disponés de tanto tiempo, los imperdibles son: las ciudades de Bonifacio, Porto Vecchio y Ajaccio, la playa de Roccapina y la ciudadela de Calvi.

En la cocina corsa se destacan obviamente los pescados y mariscos frescos, junto a fiambres y quesos elaborados por pastores: “venachese”, “calenzana” o “brocciu”, con suero de leche de cabra u oveja.

Los acantilados de Étretat

Un paisaje que te va a dejar con la boca abierta. Ubicados en la alta Normandía, los acantilados de Étretat inspiraron a grandes artistas, como Monet, y su pronunciada pendiente asustaría seguramente hasta al más valiente. Desde ahí arriba, vas a poder divisar el canal de la Mancha.

Si querés pasear por la playa, llevá calzado cómodo porque es de piedras y te recomendamos pasear en canoa para pasar por debajo de “El ojo de la aguja”, un arco natural formado por la erosión del mar (que se puede distinguir en la foto).

En cuanto a la gastronomía de la región, las especialidades son los mariscos (probá los  moules et frites”, mejillones que se sirven con distintos tipos de salsas), el cordero, las crepes, la sidra, “poiré”, una bebida alcohólica de pera, o “teurgoule, que es una especie de arroz con leche perfumado con canela.

Baja Normandía y Mont Saint-Michel

En las playas de la Baja Normandía tuvo lugar uno de los hitos más importantes de la historia mundial, el 6 de junio de 1944, cuando ciento sesenta mil soldados cruzaron el Canal de La Mancha para liberar los territorios ocupados por la Alemania nazi. Hoy en día, el Memorial de Caen, el Museo de Omaha Beach y el D-Day Museum son los principales lugares para visitar en esta parte de Francia. Su capital es Caen y, muy cerca, está el Mont Saint-Michel, otra de las atracciones turísticas más populares del país. La abadía de Mont Saint-Michel está abierta todos los días del año excepto el 1 de enero, el 1 de mayo y el 25 de diciembre. Su horario de apertura es de 9.00 a 19.00 de mayo a agosto y de 9.30 a 18.00 de septiembre a abril.

Mont Blanc

El paraíso de los esquiadores se vanagloria de 490 kilómetros repartidos en 330 pistas: es el mayor territorio esquiable del mundo. Pero la vedette de los Alpes franceses también permite otro tipo de actividades, como escalada, alpinismo o senderismo. Y también se puede admirar desde alguna de las cuatro terrazas panorámicas a las que se accede sin mayor esfuerzo con el teleférico de La Aiguille du Midi, tras un trayecto de 20 minutos.

Hasta el siglo XVIII, el Monte Blanco era conocido como la “montaña maldita”. Un mito cuenta que existía un reino encantado en la cumbre, donde estaba la reina de las hadas, la “diosa blanca”, quien hilaba el destino de los habitantes del valle. Según las creencias de la época, estas entidades divinas debían ser respetadas y veneradas, ya que las cumbres emitían un tipo de influencia, una fuerza sobrenatural, que guiaba a los hombres sin que ellos lo supieran.

Alsacia

Con 190 kilómetros de largo y 50 de ancho, es la región más pequeña del país. Fue terreno de disputa entre Francia y varios estados alemanes en el transcurso de más de 300 años, principalmente desde la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) hasta la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), formando parte de Francia en la actualidad.

Su capital es Estrasburgo, que cuenta con un patrimonio histórico reconocido mundialmente, donde se destacan el palacio y la catedral gótica de Notre-Dame (sí, se llama igual que la de París).

Muy cerca de Estrasburgo queda Colmar, también conocida como “La pequeña Venecia”, una ciudad muy pintoresca que vale la pena conocer (de ahí es el paisaje monono de la foto).

La cultura del vino forma parte de la historia de Alsacia y se manifiesta en sus maravillosos viñedos y sus tradiciones ancestrales.

Gorges du Verdon

Considerado uno de los cañones más bellos de Europa, con 25 kilómetros de largo y hasta 700 metros de profundidad, la Garganta de Verdon (Gorges du Verdon) se encuentra en el sureste de Francia y debe su nombre al color turquesa de sus aguas. La parte más impresionante se ubica entre las localidades de Castellane y Moustiers-Sainte-Marie.

Es un popular destino turístico para bañarse en el Lago Sante Croix (donde desembocan las aguas de los cañones), practicar kayak, parapente, alpinismo o escalada, entre otros deportes.

Esperamos que te haya gustado la nota y que la próxima vez que pienses en Francia, se te vengan nuevas imágenes a la cabeza.