¿Tenés el gen viajero?

Para algunas personas, salir de la rutina, dejar su lugar, es un esfuerzo muy grande que solo están dispuestos a llevarlo a cabo bajo presión o por necesidad extrema. Están tranquilos quedándose en la ciudad en la que nacieron, en el sofá que se sientan siempre, y dentro de los 360° que los rodean.

Para otros, grupo con el cual nos sentimos muy identificados, hacer la valija está totalmente incorporado, es más, quisiéramos tener el poder de volar a cualquier parte del mundo o de transportarnos en un segundo a donde sea. Siempre tenemos el pasaporte cerca, y hasta quizás le rezamos a San Anthony Bourdain (el reconocido chef que prueba platos alrededor del mundo) para que nos ayude a seguir viajando. Siempre tenemos un pie afuera.


¿De qué depende esta diferencia? Podría venir marcada por nuestra personalidad, pero algunos expertos dicen que se podría deber a nuestro ADN, aseguran que existe el “gen viajero”. Por lo que la respuesta pareciera estar en el cerebro, real, física, mesurable.

Paradójicamente, hasta el nombre del gen parece el del modelo de un avión: DRD4-7R.
Este gen viajero parece tener la capacidad de regular el nivel de curiosidad de las personas y de activar en mayor o menor medida la sensibilidad a los estímulos extremos. Por lo que la pasión por los viajes, o la exploración de nuevos horizontes, parecen ser obra de este gen.


La idea proviene de un estudio que se remonta a las primeras migraciones que tuvieron lugar en África hace unos 50.000 años. Se refieren a dos genes: DRD4 asociado a nuestro comportamiento y a la motivación; y una variante de este mismo gen, el DRD4-7R que sería el causante de la inquietud y la curiosidad de nuestras personalidades. Éste último es el que impulsa a las personas a tomar riesgos, a investigar, a explorar. En resumen, a explorar el mundo.
Una persona con el gen DRD4-7R volverá de un viaje y ya estará planeando el próximo y nunca estará contento con quedarse en su casa tranquilo cuando tenga la oportunidad de descubrir nuevos lugares. Siempre hay algo nuevo que ver o una aventura a la cual lanzarte, por eso es difícil saciar el hambre generado por el gen. Forma parte de nosotros y sabemos que siempre “habrá algo más”.


La dopamina también tiene un papel relevante en toda la historia, ya que los niveles de esta hormona que se encuentra en el cerebro vendrían determinados por el gen DRD4. La dopamina es la encargada de regular los niveles de placer en el cerebro. A las personas con gen DRD4 viajar les provoca placer.


Puede que a estas alturas ya te sientas identificado con el “gen viajero” y  hayas autodiagnosticado su existencia en tu sistema, pero su presencia en la gente no es elevada. Solo un 20% de los habitantes lo tendrían (activo o inactivo) en su mapa genético. Y es doblemente conveniente hablar de “mapas”.


Pero queda claro que el gen DRD4-7R se esconde en un lugar especial de nuestro ADN viajero.